viernes, 5 de septiembre de 2014

¿Solidarios o realistas con la epidemia de Ébola? ¿Hemos hecho bien?

Esta mañana, la noticia del fallecimiento del religioso M.P en Madrid a causa de su infección por el virus Ébola y las notas a pie de página en los informativos acerca de todas las precauciones que se siguen para descontaminar el área del H. Carlos III me hacían plantearme algunas reflexiones.


Lo primero, la reacción percibida tras la noticia de la repatriación del misionero. La mayoría de comentarios en redes sociales cuestionaban la idoneidad de dicha medida, razonando que traerle aquí resultaba un peligro para todos nosotros. Algunos, todavía más pragmáticos ellos, cuestionaban la medida por el coste que suponía.

He de reconocer que soy el primero al que le gustaría tener este tipo de virus lo más lejos posible de mi familia, pero también tengo claro que en el caso de haber sido yo o algún compañero el afectado, hubiera pedido la repatriación como creo que es o sería mi derecho. 

Me pregunto si en vez de un misionero hubiera sido un médico o enfermero cooperante o quizá algún famoso televisivo si esta medida se habría recibido igual en el país. ¿Y si hubiera sido Iniesta? ¿Le dejamos en África o le traemos porque nos cae bien?

En cuanto al coste, está claro que es elevado pero, ¿Cuando tratan a alguno de vuestros familiares o amigos en un hospital, de verdad estáis preocupados por ello? ¿Acaso no queréis que os rescaten si os quedáis tirados en una excursión por la montaña o en un barco independientemente de lo que cueste? Hubo incluso un amago o globo sonda para ver cómo se recibía entre el público (votantes) la posibilidad de que la orden religiosa fuera la que se hiciera cargo de los gastos. 


Ahora que ha fallecido, falta ver si la cobertura mediática del brote de ébola se diluye como es habitual cuando las noticias nos cogen de lejos. Recordemos que hasta que ha habido un caso español, el tiempo que los medios dedicaban a este brote era inferior al que merece o tiene cada año los reportajes sobre el calor del verano o las sombrillas de playa.

Otro punto que ha resultado polémico en este proceso es el tratamiento experimental que parece que se han sacado de la manga en EEUU. Voces conspiranoicas a un lado, el debate sobre si resulta apropiado o ético probar un fármaco experimental que no ha pasado los filtros habituales y que al parecer ni siquiera estaba testado en humanos resulta intrigante. Por una parte, "a falta de pan buenas son tortas" que dicen en algunas zonas de nuestro país. Si no hay nada probado y la mortalidad es elevada, mejor darles esto que nada.


En el otro lado de la balanza, estos controles en forma de estudios clínicos requeridos antes de sacar al mercado un fármaco están ahí por algo. Si la presencia de una enfermedad sin tratamiento y potencialmente mortal legitima de por sí el uso de tratamientos experimentales de los que desconocemos efectos secundarios o incluso efectividad, podemos vernos en situaciones éticamente conflictivas. Imaginemos que son fármacos que resultan altamente teratógenos a medio plazo. Habremos puesto a un paciente un tratamiento para ver si le ayuda en su enfermedad actual (sin garantías de ello) y quizá condicionemos su calidad o esperanza futura de vida debido a ello.

Varias cuestiones peliagudas. 
¿Qué opináis vosotros? 
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